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HECHO EN ESPAÑA
21 de Junio de 2025
En Aguadulce, Sevilla, Dulcería La Abuela Asunción abre la puerta a otra época: madera oscura tallada, vitrinas antiguas y un suave perfume a horno de leña forman el decorado de su obrador‑museo. El personal, vestido con cofias, blusas de flores y largas faldas de corte decimonónico, guía al visitante por un recorrido en el que cada lata ilustrada y cada masa recién amasada evocan la dulcería de nuestras abuelas. Una inmersión total en la artesanía y la memoria, perfecta para quienes quieren saborear la historia con todos los sentidos. En esta nota, hemos tenido el privilegio de conversar con Miguel de la Cruz, gerente y alma mater de la dulcería, quien nos ha contado cómo la pasión por lo auténtico se ha convertido en el motor de su proyecto familiar.
Hace más de tres décadas, durante un viaje a Mallorca, mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de visitar una empresa que mostraba, a través de ventanales, las diversas etapas de la elaboración de sus productos. Fue entonces cuando sentí el impulso de compartir con otros lo que tanto me enorgullece: nuestros productos artesanales, elaborados con el mismo esmero con el que mi padre los preparaba a mediados del siglo pasado. Este sueño se materializó en 2017, con la apertura del Museo-Obrador Dulcería La Abuela Asunción. Desde entonces, nuestros visitantes pueden sumergirse en una experiencia sensorial única, donde se respira excelencia, se perciben fragancias embriagadoras y cada detalle transmite armonía y dedicación.
Aunque todos nuestros dulces son deliciosos, las milhojitas de naranja se han convertido en uno de los productos más solicitados. Gran parte del mérito lo tiene mi hija mayor, quien se encarga de nuestras redes sociales y, siendo este su dulce favorito, no pierde oportunidad de promocionarlo. Sin embargo, todo lo que ofrecemos en nuestra dulcería destaca por su sabor excepcional. No pasa un día sin que recibamos felicitaciones por la calidad y el cariño que ponemos en cada elaboración.
Creemos firmemente que un producto exquisito merece un envase que haga justicia a su calidad. Por eso, cuidamos cada detalle del embalaje para que la experiencia sea completa, desde que el cliente recibe el producto hasta que lo disfruta. Siempre he sido un apasionado de las latas y juguetes antiguos de hojalata, y esa afición se refleja en muchos de nuestros diseños. Estos envases no solo capturan la esencia de nuestro obrador, sino que también rinden homenaje a un trabajo artesanal lleno de historia, donde el respeto por las tradiciones marca nuestro camino.
Al principio, era yo quien proponía las ideas principales, pero este año se ha sumado mi hija mayor al equipo. Su entusiasmo y dedicación han sido una fuente constante de inspiración. Las ideas se comparten y debaten en familia, y entre los cuatro miembros del hogar damos forma, con ilusión y esmero, al diseño de cada uno de nuestros envases. Porque en nuestra dulcería, cada detalle nace del corazón… del corazón de nuestra familia.
Somos auténticos enamorados de nuestro oficio. Cada día, al entrar al obrador, sentimos la misma ilusión que nos impulsó al principio. Para nosotros, no se trata solo de elaborar dulces, sino de rendir homenaje a una forma de trabajar que nace del corazón y las manos: el trabajo artesanal. En un mundo cada vez más marcado por la mecanización y la producción en serie, esa esencia tan valiosa se va perdiendo poco a poco. Lo que antes se hacía con paciencia, mimo y respeto por los tiempos, hoy tiende a sustituirse por rapidez y eficiencia. Y con ello, se desvanece también la magia que nuestros abuelos ponían en cada elaboración. Por eso, el obrador no es solo un lugar de trabajo; es un espacio casi sagrado. Un rincón donde el tiempo parece detenerse, donde cada movimiento cuenta y cada aroma evoca recuerdos de infancia, tradición y hogar. Es una experiencia inmersiva que invita a observar, sentir y admirar el arte del buen hacer.
Quienes nos visitan pueden esperar una experiencia auténtica y profundamente emotiva. No solo vienen a ver cómo se hacen nuestros dulces; vienen a entrar en un mundo donde el tiempo se detiene, donde cada detalle habla de tradición, dedicación y amor por lo bien hecho. Desde el primer momento, el visitante es envuelto por los aromas del horno de leña, la música clásica y la visión de nuestros artesano trabajando con trajes de época. Desde el cernido de la harina hasta la elaboración manual, pasando por la cocción en nuestro tradicional horno de leña, a través de un pasillo con ventanales y celosías de madera, los visitantes pueden observar cada etapa del proceso, todo hecho a mano, como lo hacía mi padre hace décadas. Lo más emocionante para nosotros es ver la reacción de quienes lo descubren por primera vez. Asombro, admiración y, muchas veces, emoción. Porque detrás de cada dulce hay una historia, una memoria, un modo de hacer las cosas que casi se ha perdido. Ver cómo se despierta esa conexión con lo auténtico es uno de los mayores regalos que nos da este oficio.
Efectivamente, la tradición es el corazón de todo lo que hacemos. Está presente en nuestras recetas, en nuestros métodos de elaboración y en el respeto por el legado que nos dejaron quienes nos precedieron. El nombre de nuestra dulcería, La Abuela Asunción, es en sí mismo un homenaje a esa herencia, a esa figura familiar que representa la sabiduría, la paciencia y el sabor de lo auténtico. Pero también sabemos que vivimos en un mundo que evoluciona, y creemos que tradición y modernidad no solo pueden convivir, sino complementarse. Por eso, cuidamos especialmente la estética de nuestros envases, fusionando elementos vintage inspirados en latas y juguetes antiguos de hojalata con un diseño limpio y atractivo. Queremos que el envoltorio emocione tanto como el contenido, que quien lo reciba sienta que tiene algo especial en sus manos. Mis hijas han traído una mirada fresca y moderna que ha sido clave para conectar con el público actual. Las redes sociales nos permiten contar nuestra historia y mostrar la belleza de lo artesanal a nuevas generaciones que lo descubren por primera vez.
Estamos en Aguadulce, un pequeño y encantador pueblo de la provincia de Sevilla. A diferencia de otras ciudades de la comarca, aquí no existía una tradición fuerte en la elaboración de dulces navideños. Al principio, fue una decisión valiente, incluso arriesgada, ya que otras localidades ya tenían una fuerte identidad en torno a estos productos. Sin embargo, mi propósito era ofrecer algo diferente. Quería alejarme de la producción industrial y recuperar la esencia de lo auténtico, lo artesanal, lo hecho con calma y alma. Aposté por la calidad frente a la cantidad, por lo manual frente a lo mecanizado, por lo emocional frente a lo comercial. Hoy, con el paso del tiempo, puedo decir que fue una de las mejores decisiones. Poco a poco, nos hemos posicionado como un referente nacional en la elaboración de dulces artesanos navideños, y lo que comenzó en un pequeño rincón de Aguadulce ha crecido de manera impresionante. Nos llena de orgullo saber que nuestros productos no solo destacan por su sabor, sino por la historia y el respeto por el oficio que llevan consigo.
Sí, tenemos varios proyectos emocionantes en marcha. Cada campaña es una nueva oportunidad para seguir creando y sorprender a quienes nos eligen. Aunque la tradición es nuestra raíz, la creatividad siempre está presente. Estamos desarrollando nuevas colecciones de envases que combinarán nuestra estética nostálgica con un diseño moderno y original. En cuanto a los productos, estamos ampliando nuestra oferta artesanal, siempre respetando nuestros valores: ingredientes de primera calidad, procesos manuales y sabores que emocionen. Nuestro objetivo es seguir creciendo sin perder nuestra esencia, manteniendo siempre el alma de lo que somos.
La Abuela Asunción es el sabor de la infancia, el arte de lo hecho a mano y la belleza de un recuerdo que se puede regalar.
En un mundo que avanza a toda velocidad, La Abuela Asunción se mantiene firme en sus principios: recuperar lo perdido, dar valor a lo hecho a mano y transmitir un pedazo de historia en cada bocado. Cada dulce que sale de su obrador no solo es un festín para los sentidos, sino un legado que conecta con las raíces, con la memoria de un tiempo que nunca deberíamos olvidar. La dulzura que ofrecen no es solo un sabor, es una invitación a detenerse, a apreciar los pequeños momentos y a valorar lo que realmente importa: el cariño, la dedicación y el respeto por las tradiciones que nos hacen quienes somos.
Dirección: Calle Ronda del Molino, s/n, 41550 Aguadulce, Sevilla.
Horario de tienda:
·Lunes a Sábado: 10:00h a 14:00h y 17:00h a 20:00h.
·Domingo: 10:00h a 14:00h.
Abierta de octubre a diciembre.
Visitas al obrador museo:
Durante los meses de octubre a diciembre, Dulcería La Abuela Asunción ofrece visitas gratuitas a su obrador museo. Los grupos pueden conocer en directo el proceso de elaboración de mantecados y polvorones, siguiendo las recetas y métodos tradicionales, mientras disfrutan de una degustación de sus productos.
Pueden conocer mas sobre La Abuela Asunción Ingresando en su web www.ladulceria.net
O en sus redes sociales Dulceria La abuela Asunción
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