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HECHO EN ESPAÑA
01 de Diciembre de 2025
Hay historias que se transmiten con el aroma del pan recién hecho o el sonido de una cafetera. La de Gelatissim, en cambio, se cuenta con el frío. Con ese frío dulce que acompaña los veranos, que despierta recuerdos de infancia y que, en este caso, encierra casi setenta y cinco años de historia familiar.
En Gastronomía Abierta hemos tenido la oportunidad de conocer de cerca y degustar algunas de sus especialidades más representativas. Sus helados nos sorprendieron desde el primer momento: sabores intensos, equilibrados y llenos de matices que solo se consiguen cuando se trabaja con materias primas de calidad y un profundo respeto por la tradición. Detrás de cada cucharada se nota la mano artesana y la historia familiar que sostiene este proyecto. En esta nota os contamos ese recorrido: sus orígenes, su evolución y la creatividad que hoy define a esta tercera generación de heladeros valencianos.
Todo comenzó en los años cincuenta, cuando el abuelo de la familia elaboraba helado artesano en el patio de su casa. En una vieja fotografía —hoy casi una reliquia familiar— aparecen el abuelo, el padre, una tía y dos trabajadores. Una imagen sencilla, pero con un enorme valor simbólico: la semilla de un oficio que ha pasado de generación en generación hasta llegar a la tercera, que hoy da vida a Gelatissim. “Para nosotros, cuentan, este es el punto de partida: volver a los orígenes y recuperar nuestra historia familiar.”
En aquella época, el proceso era completamente artesanal. Se hervía la leche en una cazuela, se retiraba la nata para hacer nata montada y se añadía el ingrediente deseado: fresa triturada, turrón, vainilla o chocolate. El helado de mantecado, hecho con huevo, era uno de los favoritos. No había maquinaria moderna ni automatización: solo paciencia, ingredientes naturales y un conocimiento transmitido de boca en boca.
Con el paso del tiempo, el oficio evolucionó. En 1972, la nueva ley de sanidad obligó a profesionalizar la producción y compartir maquinaria entre heladeros artesanos. Aquello marcó un antes y un después. “El negocio pasó de nuestro abuelo a nuestro padre, y nosotros nos incorporamos alrededor de 2005”, cuentan. “Hace unos ocho años decidimos volver a la fabricación a pequeña escala, apostando por materias primas naturales y productos con valor añadido frente a los producidos en masa.”
Esa vuelta al origen, sin embargo, no ha frenado su espíritu creativo. Gelatissim es hoy sinónimo de helado artesanal, pero también de atrevimiento. Su obrador, ubicado en Valencia, se ha ganado un lugar entre los más innovadores del país por sus sabores tan inesperados como deliciosos: mostaza, parmesano, wasabi, pimiento asado, uva moscatel, jengibre con menta y limón, aceite de oliva o cremaet. “Detectamos que el mercado pedía sabores que pudieran acompañar otros platos, no solo como postre”, explican. “Fue un reto salir de nuestra zona de confort, pero la aceptación ha sido increíble.”
La inspiración, dicen, nace del diálogo constante con sus clientes. “Ellos son nuestra principal fuente de ideas. Trabajamos de forma honesta y consciente, uniendo tradición y cultura gastronómica.” El equipo, joven y formado, se mantiene en continua evolución para alcanzar la excelencia. Parten siempre de materias primas de origen y tienen la flexibilidad de adaptarse a lo que el mercado demanda, sin perder su sello artesanal.
Además de producir para otras heladerías, Gelatissim asesora a quienes sueñan con abrir su propia heladería. “Nos apasiona compartir conocimientos y transmitir la importancia de la calidad, la constancia y el respeto por el producto”, afirman. No tienen locales propios, pero su experiencia ha ayudado a construir muchos proyectos que hoy dan vida a heladerías por toda España.
Y ahora, tras décadas de trabajo, se preparan para un nuevo paso: su propia línea de helado en formato de pote, pensada para tiendas especializadas y pequeños supermercados que apuestan por lo artesanal. “Nos importa tanto lo que hay dentro del envase como su presentación. Por eso trabajamos con Leire, de Sentia Estudio, que nos ayudó a crear un packaging funcional, atractivo y coherente con nuestra filosofía.” Entre los sabores elegidos destacan mango, pistacho, chocolate vegano, vainilla bourbon y galleta spéculoos, todos elaborados con la misma dedicación que los define.
Si tuvieran que escoger un sabor que represente su esencia, no dudan: pistacho y calabaza con chocolate. “El pistacho es nuestro sello, dicen, muchos clientes nos cuentan que es como probar un pistacho puro.”
Así es Gelatissim: una historia que nació en un patio familiar y que hoy continúa en un obrador de Valencia, donde tradición e innovación se dan la mano. Un legado que se enfría, se saborea y se transmite… como los mejores recuerdos: con el corazón.
Gelatíssim tiene su obrador en Oliva (Valencia)
Ofrecen una amplia gama de productos: desde helados clásicos, hasta sorbetes 100% naturales, helados gourmet e “especialidades” con combinaciones creativas.
Entre sus sabores más singulares e innovadores se encuentran opciones atrevidas como helado de mostaza, parmesano, wasabi, sorbete de mostaza, aceite de oliva, cremas gourmet, además de los clásicos sabores dulces y sorbetes de fruta.
A futuro, tienen proyectada una línea de helados en formato de pote / tarrina, pensada para distribución en tiendas especializadas y pequeños establecimientos, ampliando su alcance sin perder su espíritu artesanal.