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TURISMO GASTRONÓMICO
9 de Julio de 2025
Ademuz no es solo un enclave geográfico. Es un refugio entre sierras, el alma perfumada del Rincón de Valencia, un lugar donde los ritmos de la naturaleza marcan la vida cotidiana. Cada verano, cuando el sol cae con intensidad sobre los campos y el aire se llena de fragancia, comienza una de sus celebraciones más singulares: la Fiesta de la Floración de la Lavanda.
Entre finales de junio y mediados de julio, esta pequeña localidad abrazada por el Turia se transforma. Las laderas se tiñen de morado, los talleres y calles se llenan de gente, y la lavanda se convierte en símbolo, en producto, en experiencia. Aquí no solo se huele la flor: se prueba, se cocina, se comparte.
El evento, impulsado por el lema “Ademuz con los cinco sentidos”, propone una inmersión total en el universo de la lavanda. Hay visitas guiadas a los campos en flor, talleres de destilación y cosmética natural, rutas botánicas, espectáculos al aire libre y conciertos al atardecer. Pero es en la cocina donde la flor alcanza su máximo esplendor.
Este 2025, la propuesta gastronómica es amplia y variada. Varios restaurantes locales han diseñado menús especiales que incorporan lavanda en sus platos. Desde entrantes delicados hasta postres florales, todo está pensado para convertir cada bocado en una vivencia aromática. Y como broche, el chef invitado Rubén Fenollar, reconocido por su cocina sensorial, ofrece showcookings en vivo en la Plaza de la Iglesia.
Probar lavanda es romper con lo conocido. Su sabor floral, fresco, ligeramente dulce y herbáceo, puede transformar desde un plato tradicional hasta una creación vanguardista. En Ademuz, los chefs locales han reinterpretado recetas de la comarca con este ingrediente singular.
Se sirven ensaladas con vinagretas florales, carnes glaseadas en miel y lavanda, y embutidos aromatizados con un toque suave de flor seca. Hay helados artesanales, bizcochos, cuajadas, galletas con lavanda y almendra, y cócteles morados con ginebra local y destilado de lavanda.
Durante el mercado gastronómico de la fiesta, en pleno centro histórico, se pueden adquirir quesos curados con lavanda, mieles florales, aceites esenciales culinarios y preparados gourmet elaborados por pequeños productores de la zona.
Más allá de la lavanda, Ademuz tiene una rica tradición culinaria que hunde sus raíces en la montaña, la huerta y la despensa de invierno. Son célebres sus gachas de maíz, el empedrao, los pucheros de alubias y de postre la estrella de la ciudad, la manzana “Esperiega” deleita a los turistas y locales con infinidad en infinidad de preparaciones.
La repostería, como en todo el interior valenciano, conserva recetas con membrillo, almendra, nuez, turrón y miel, ahora reinterpretadas por jóvenes cocineros que apuestan por productos de proximidad y creatividad.
Visitar Ademuz es también caminar entre historia y naturaleza. Su casco antiguo, con casas colgadas, rincones empedrados y la Iglesia de San Pedro y San Pablo como faro arquitectónico, respira el tiempo detenido.
El entorno ofrece rutas como Bohílgues en estado puro, Entre Barracas o La Celadilla y Mirador La Muela, siempre entre bosques, nogales y bancales cultivados. En julio, muchas de estas rutas bordean los campos en flor, convirtiendo la caminata en una experiencia aromática.
A través de experiencias como las que organiza Ecoaromuz, los visitantes pueden aprender sobre el cultivo, la recolección y el uso tradicional de la lavanda, tanto en la cocina como en la medicina natural.
Ademuz no solo celebra una flor: celebra una forma de estar en el mundo. Tranquila, auténtica, sensorial. En este rincón valenciano de montañas y valles, la lavanda florece como símbolo de hospitalidad, de producto local, de cultura que se saborea.
La fiesta es la puerta de entrada a un destino que apuesta por la sostenibilidad, el turismo slow y una cocina que dialoga con su tierra. Y una vez que se ha probado ese helado de lavanda al atardecer, bajo las luces de feria y el canto de los grillos, cuesta no querer regresar.
Julio es el mes estrella si quieres vivir la Floración de la Lavanda
Durante este mes, los campos se tiñen de morado, el aire se llena de aromas florales y el pueblo entero se transforma con talleres, mercado artesanal, showcookings y rutas temáticas. Es una experiencia única para los sentidos, ideal para quienes aman la fotografía, la gastronomía y el turismo rural con encanto.
En septiembre y octubre, Ademuz se viste de tonos ocres y rojizos. Es temporada de recolección de setas, frutos secos y membrillos, lo que da lugar a una cocina más contundente y sabrosa. Además, el clima sigue siendo agradable para hacer senderismo.
Pasear por el casco antiguo: Sus callejuelas empedradas, casas tradicionales y la Iglesia de San Pedro y San Pablo forman una postal rural con alma.
Caminar hasta la Fuente Vieja: Un sendero que serpentea junto al río entre nogales y chopos, con vistas preciosas.
Probar las gachas, el puchero o el embutido casero en alguno de sus restaurantes.
Comprar productos locales: Miel de lavanda, queso curado, aceite de oliva del Rincón, dulces artesanales.
Subir a la Muela o hacer alguna de las rutas entre campos y terrazas de cultivo.
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