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TURISMO GASTRONÓMICO
07 de Agosto de 2025
Donde la leyenda vikinga se come con las manos y la tradición gallega se saborea sin prisa
Catoira no es solo historia. Es una experiencia. Un pedazo de Galicia que mira al mar desde la ría de Arousa, donde el verde del paisaje se funde con la bruma atlántica y los ecos de antiguos combates siguen resonando entre ruinas milenarias. Cada año, a comienzos de agosto, esta pequeña localidad de Pontevedra revive su pasado más legendario: el Desembarco Vikingo, una de las fiestas más singulares de España. Pero detrás de los cascos, las hachas y los drakkars que surcan el Ulla, hay un alma que se cocina a fuego lento: la gastronomía.
Porque en Catoira, el sabor también es una forma de resistencia. De identidad. De celebración.
La primera información digna de fiabilidad es una de las recetas de bizcocho y almendras contenida en el Cuaderno de confitería que recopiló Luis Bartolomé de Leybar alrededor del 1838.
Aunque tenía forma de pequeños bizcochos, la elaboración coincide con las recetas tradicionales de la tarta compostelana.
Pero fue en 1924 cuando todo cambió: la pastelería compostelana Casa Mora estampó por primera vez la cruz de la Orden de Santiago sobre la superficie de la tarta. Desde entonces, su silueta se volvió inseparable del dulce y del territorio que la vio nacer.
En 2006, la Indicación Geográfica Protegida Tarta de Santiago blindó lo que el pueblo ya sabía: que esta receta es única. Para llevar su nombre, debe hacerse en Galicia y llevar un 33 % de almendra, 33% de azúcar y 25% de huevos. Nada de harina, ni levaduras, ni decoraciones ajenas. Aquí manda lo esencial: sabor y autenticidad.
El primer domingo de agosto, las Torres del Oeste se convierten en escenario de una invasión amistosa. Hombres y mujeres ataviados como vikingos descienden de los barcos entre gritos, humo y carcajadas. Es una recreación que mezcla rigor histórico con espíritu de fiesta, declarada de Interés Turístico Internacional.
Pero más allá del espectáculo, el verdadero rito ocurre entre bancos de madera y largas mesas repletas de comida. Porque esta es, sobre todo, una fiesta para el paladar. En la romería que sigue al desembarco, los asistentes comen con las manos —como buenos nórdicos— y se entregan al placer de una cocina sin artificios: pulpo á feira, empanadas, mejillones al vapor, sardinas asadas, chorizos al vino, pan de maíz y vino tinto de la zona.
Todo se sirve al aire libre, entre gaitas, cerveza y brindis improvisados. El ambiente es puro hedonismo gallego. Comer, beber y compartir. Como en las mejores batallas, pero sin enemigos.
Aunque el Desembarco Vikingo se lleva los focos, Catoira guarda encantos gastronómicos los doce meses del año. Aquí, donde el río Ulla se encuentra con el Atlántico, el mar y la tierra se dan la mano en la despensa local.
Los mariscos son protagonistas indiscutibles. Almejas, berberechos, navajas, camarones y mejillones llegan frescos cada día desde las bateas vecinas. Se preparan al vapor, a la plancha o en guisos tradicionales como el arroz con marisco, que en Catoira adquiere ese punto jugoso y profundo que solo se logra con tiempo y paciencia.
En temporada, también se puede degustar anguila del Ulla, guisada al estilo clásico o en empanada, uno de los manjares más identitarios de la zona.
Los restaurantes y tabernas de la localidad, como O Mirador, Taberna A Vikinga o Restaurante O Rancho, ofrecen cocina casera de producto, con menús diarios en los que siempre hay alguna sorpresa del mar. Sentarse a comer frente al río es parte del ritual.
Catoira celebra otras fiestas donde la comida vuelve a ser protagonista. El segundo fin de semana de Julio tiene lugar la Festa Gastronómica de San Antonio, en el que se degustan productos de la tierra. Intervienen bandas de música, grupos orquestales y gaiteiros, además de instalarse atracciones y puestos de venta.
También en otoño, mas específicamente el 31 de Octubre, se celebra la “Procesión de caveiras (calaveras). En esta fiesta de apertura de la estación sombría participan cientos de personas que recorren las oscuras calles de Catoira, iluminadas sólo por las velas de las calabazas convertidas en temerosas calaveras. Al finalizar se celebra un magosto y se ofrecen también productos gastronómicos elaborados con calabaza.
Hay lugares que se visitan y otros que te invitan a quedarte. Catoira pertenece a ese segundo grupo. Aquí, entre el olor a pulpo recién hervido, el sonido de la gaita y la espuma de la cerveza local, uno entiende que la cocina también puede ser un puente entre tiempos, culturas y generaciones.
El alma vikinga sobrevive en cada receta compartida, en cada pan de millo desgarrado con las manos, en cada fiesta que acaba con sobremesa larga y risas al viento. Porque la historia se puede leer en libros, sí. Pero en Catoira, la historia se saborea.
Platos típicos que no te puedes perder:
Empanada de anguila
Pulpo á feira
Almejas a la marinera o al vapor
Arroz con marisco
Chorizos al vino con pan de millo
Consejo local: lleva calzado cómodo si visitas durante las fiestas, ya que gran parte de los eventos son al aire libre y en terreno natural (playas fluviales, praderas junto al río).
Dónde alojarse: casas rurales y pequeños hostales en la zona o en localidades cercanas como Valga, Caldas de Reis o Carril