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TURISMO GASTRONÓMICO
29 de Julio de 2025
Cruz de azúcar, sabor de almendra y siglos de historia. La Tarta de Santiago no es solo un postre gallego: es orgullo, cultura. Descubre por qué este dulce emociona a todo un pueblo.
Hay dulces que te llenan el alma antes que el estómago. La Tarta de Santiago es uno de ellos. No necesita glaseados, ni capas, ni luces de colores. Solo almendra, huevo, azúcar… y una cruz. Una cruz que no es decorado, sino historia. Que no adorna, sino que emociona.
Quienes han llegado a pie hasta Santiago de Compostela lo saben bien: no hay nada como ese primer bocado frente a la catedral, después de cientos de kilómetros, para entender que esta tarta es mucho más que un postre. Es un símbolo. Es Galicia servida en un plato.
La primera información digna de fiabilidad es una de las recetas de bizcocho y almendras contenida en el Cuaderno de confitería que recopiló Luis Bartolomé de Leybar alrededor del 1838.
Aunque tenía forma de pequeños bizcochos, la elaboración coincide con las recetas tradicionales de la tarta compostelana.
Pero fue en 1924 cuando todo cambió: la pastelería compostelana Casa Mora estampó por primera vez la cruz de la Orden de Santiago sobre la superficie de la tarta. Desde entonces, su silueta se volvió inseparable del dulce y del territorio que la vio nacer.
En 2006, la Indicación Geográfica Protegida Tarta de Santiago blindó lo que el pueblo ya sabía: que esta receta es única. Para llevar su nombre, debe hacerse en Galicia y llevar un 33 % de almendra, 33% de azúcar y 25% de huevos. Nada de harina, ni levaduras, ni decoraciones ajenas. Aquí manda lo esencial: sabor y autenticidad.
Esta tarta no solo se come: se comparte, se ofrece, se recuerda. Se sirve cada 25 de julio, Día del Apóstol Santiago y Día de Galicia, pero también en bodas, comuniones, sobremesas y meriendas. Es la compañera dulce de un pueblo que se enorgullece de lo suyo. Porque si Galicia tuviera que resumirse en un bocado, probablemente sabría a esto: a almendra tostada, azúcar, a infancia, a fe.
Hay ferias, talleres, catas populares y concursos donde panaderías, escuelas y aficionados compiten por la mejor versión artesanal. El Consello Regulador de la IGP organiza también actividades educativas y promueve la cultura repostera gallega con orgullo y mimo.
Aunque no hay un concurso específico solo para esta tarta, programas de repostería como Bake Off España incluyen desafíos en los que los participantes reinterpretan recetas tradicionales, como la Tarta de Santiago, para evaluaciones técnicas y creativas en directo.
Y sí, hay versiones modernas. Algunas con base de hojaldre, otras con chocolate o naranja, incluso con licor de hierbas. ¿La más curiosa? Una tarta gigante con forma de cruz servida en fiestas locales. Aunque ninguna de ellas puede llevar oficialmente el nombre protegido de Tarta de Santiago si se aparta de la receta original, todas tienen algo en común: respeto y cariño por una tradición viva.
Con mantequilla añadida: aunque la receta tradicional no la admite, algunas versiones modernas incorporan mantequilla para lograr un bizcocho más jugoso y cremoso. Un aporte muy goloso, prohibido para los puristas, pero irresistible para los que buscan otro nivel de textura
Versiones “templarias” o temáticas: chefs creativos han presentado versiones decorativas o reinterpretadas con forma de cruz roja, texturas de chocolate o presentaciones mini, como homenaje visual y conceptual a la Orden de Santiago y su leyenda
Base de masa quebrada u hojaldre: algunos ofrecen versiones rellenadas con base de hojaldre, lo que técnicamente rompe con la fórmula original IGP. Aunque el sabor combina bien, estas tartas son consideradas “inspiradas” más que auténticas
Tarta de Puentedeume: vecina cercana, esta variante incorpora más yemas de huevo y forma distinta. Aunque suele confundirse con la Tarta de Santiago, destaca por su textura más “pidona” y amarilla, y decoración diferente
La encontrarás por toda Galicia, pero hay lugares que guardan una magia especial:
·Casa Mora, Santiago de Compostela – donde nació la cruz de azúcar.
·Pastelería Míguez, también en Santiago – sabor tradicional con sello de confianza.
·O Forno, en O Cebreiro – famosa entre peregrinos del Camino Francés.
·Delicias Coruña, Ourense – reconocida por su excelencia.
Y si estás lejos, muchas de ellas envían a domicilio. Porque la tradición, como la emoción, viaja bien.
En tiempos de recetas virales, espumas y trampantojos, la Tarta de Santiago nos recuerda que lo más simple, si está hecho con honestidad, puede ser eterno. Que no hay nada más moderno que lo que no caduca. Que las raíces, cuando se cultivan, dan frutos que emocionan.
Así que la próxima vez que cortes una porción y levantes la plantilla para descubrir la cruz dibujada en azúcar glas, piensa que estás conectando con siglos de historia. Y si nunca la has probado, hazlo. Deja que ese bocado te hable de Galicia. Te aseguro que, sin decir palabra, te va a contar mucho.
El 25 de julio se celebra la festividad de Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles de Jesús, cuyos restos —según la tradición— descansan en la catedral de Santiago de Compostela. Desde la Edad Media, millones de peregrinos han recorrido el Camino de Santiago para rendirle homenaje, convirtiendo a Galicia en un lugar de encuentro espiritual y cultural de toda Europa.
Fue a comienzos del siglo XX cuando, por iniciativa de las Irmandades da Fala y otros movimientos galleguistas, el 25 de julio empezó a celebrarse también como Día de Galicia, reivindicando la identidad, el idioma y la cultura del pueblo gallego. Durante la dictadura franquista, esta conmemoración fue prohibida, pero sobrevivió en la diáspora. Tras la llegada de la democracia, se recuperó oficialmente y hoy es fiesta autonómica en toda Galicia.
En este enlace encontrarás el documento del IGP de la Tarta de Santiago con la receta original para que puedas hacerla en casa:
RECETA ORIGINAL DE LA TARTA DE SANTIAGO