INICIO • HECHO EN ESPAÑA • DEL BUEN COMER • TURISMO • NOTICIAS • NOVEDADES • AGENDA
INICIO • HECHO EN ESPAÑA • DEL BUEN COMER • TURISMO • NOTICIAS • NOVEDADES • AGENDA
TURISMO GASTRONÓMICO
26 de Diciembre de 2025
Hay sabores que no necesitan calendario. Te ocurre cuando cortas un bloque de turrón y el aroma cálido de la miel y la almendra empieza a llenar la casa. En ese instante vuelves a la niñez, a las sobremesas largas, al ruido de las risas mezclado con el papel dorado de los envoltorios.
Y, sin darte cuenta, regresas a un origen que late en un lugar muy concreto: Jijona y Alicante, cuna de los turrones más emblemáticos de España.
La historia dice que los turrones surgieron del encuentro entre la cocina árabe y la mediterránea. Llegaron con el refinamiento de la miel, las almendras y el uso inteligente del calor. En Jijona, donde los almendros trepan por la montaña como un jardín de granito, aquellos ingredientes encontraron el escenario ideal.
Ya en el siglo XVI aparecen documentos que hablan del “turrón de la villa de Xixona”, apreciado en toda la Corona de Aragón. A partir de ahí, comenzó la leyenda.
Si hay un olor que define a Jijona en diciembre es el de sus obradores. El sonido rítmico de la refinadora, la masa caliente que se bate, la almendra Marcona tostada que se vuelve seda.
El turrón de Jijona —el turrón blando, el que se deshace entre los dedos— es la suma de tiempo, paciencia y técnica. La mezcla de almendra, miel y azúcar se calienta y se bate durante horas hasta lograr una textura cremosa, untuosa y completamente aromática.
Aún hoy, los maestros siguen realizando el “repaso”, ese trabajo manual circular con palas de madera que convierte la mezcla en una masa brillante y homogénea. Es un gesto que se transmite de generación en generación.
Casas como Turrones El Lobo (fundada en 1725, una de las más antiguas de España), 1880, Primitivo Rovira, Coloma García o Turrones Picó han hecho de esta receta un sello de identidad. Sus obradores son parte de la cultura jijonenca: lugares donde se mima la almendra y se honra la receta original que, hoy, cuenta con Indicación Geográfica Protegida (IGP Jijona).
Si Jijona es suavidad, Alicante es carácter. El turrón de Alicante —el turrón duro, brillante, firme y majestuoso— es un homenaje a la almendra en estado puro.
Aquí la almendra Marcona se mantiene entera, visible, orgullosa. Se mezcla con miel, se prensa y se deja reposar. El resultado es una tableta blanca, translúcida por momentos, que cruje como un pequeño trueno al partirla.
El turrón de Alicante se originó como respuesta al deseo de conservar la textura de la almendra sin triturarla. Un dulce que celebra la materia prima, sin máscaras ni artificios.
Este turrón también está protegido por la IGP Alicante y forma, junto al Jijona, un patrimonio gastronómico que España protege como si fuera un tesoro.
Desde los siglos XVIII y XIX, varias familias jijonencas han sido custodias del oficio:
• Turrones El Lobo y 1880 probablemente las marcas más conocidas dentro y fuera de España, con una historia que roza los 300 años.
• Turrones El Artesano especializados en recetas tradicionales y elaboraciones a fuego lento.
• Turrones Picó con casi un siglo de historia y una filosofía arraigada en el respeto por la almendra.
• Primitivo Rovira e Hijos maestros del turrón duro desde 1850.
• Turrones Coloma García conocidos por su minuciosa selección de almendras y miel.
Son empresas que han visto pasar guerras, crisis y generaciones enteras, pero nunca han renunciado al ritual del turrón.
La Feria de Navidad de Jijona es mucho más que un evento gastronómico: es un viaje sensorial al corazón de la tradición turronera. Cada año, durante las semanas previas a la Navidad, este municipio alicantino se transforma en un gran escenario festivo donde las calles se llenan de música, aromas tostados, obradores abiertos y familias que llegan desde toda España para comenzar las fiestas allí donde nace uno de los sabores más emblemáticos del país.
La feria, que se celebra desde hace más de una década y se ha consolidado como una de las citas navideñas más importantes del Mediterráneo, reúne decenas de puestos de turrón, dulces artesanos y productos locales. A ellos se suman mercados de artesanía, espectáculos callejeros, actividades infantiles y talleres pensados para todos los públicos, convirtiendo a Jijona en un destino ideal para visitar en estas fechas.
Uno de los grandes atractivos es poder ver en directo cómo se elabora el turrón, conocer de cerca el trabajo de los maestros turroneros y aprender sobre ingredientes clave como la almendra Marcona y la miel. Las degustaciones permiten descubrir desde las variedades más clásicas, como el Jijona y el Alicante, hasta reinterpretaciones contemporáneas que demuestran que la tradición no está reñida con la innovación.
La Feria de Navidad de Jijona no solo celebra el dulce, también celebra la memoria, el oficio y la emoción compartida. Un plan que huele a Navidad, sabe a turrón y se queda grabado en el recuerdo mucho después de volver a casa.
En Jijona, la historia del turrón no solo se cuenta, se camina. El Museo del Turrón es una parada imprescindible para comprender por qué este dulce ha trascendido generaciones y fronteras hasta convertirse en un símbolo de la Navidad española. Ubicado en una antigua fábrica turronera, el museo invita a entrar en el universo donde la almendra, la miel y el tiempo se transforman en tradición.
El recorrido es un viaje por siglos de oficio. A través de máquinas originales, herramientas antiguas, documentos históricos y audiovisuales, el visitante descubre cómo el turrón pasó de ser un alimento energético ligado al mundo árabe a un producto artesano de prestigio internacional. Cada sala habla de paciencia, de manos expertas, de recetas transmitidas como un legado familiar.
Uno de los momentos más especiales es entender el proceso de elaboración tradicional, desde el tostado de la almendra hasta el amasado lento y el moldeado final. El museo no idealiza el pasado, lo honra, mostrando también la evolución tecnológica que permitió conservar la esencia sin perder calidad ni identidad.
El Museo es un lugar donde se comprende que el turrón no es únicamente un dulce navideño, sino una forma de vida, una economía local y una memoria colectiva que sigue viva. Salir de allí es mirar una tableta de turrón con otros ojos… y con muchas más ganas de probarla.
El turrón fue alimento de resistencia
Durante siglos, el turrón no se consumía solo por placer. Gracias a su alta concentración de almendra y miel, era un alimento energético ideal para viajeros, campesinos y pastores, especialmente en invierno. De hecho, se consideraba casi una “barrita energética” de la época.
La palabra turrón aparece en textos medievales
Existen referencias documentales al turrón ya en el siglo XV en Valencia y Alicante, donde se mencionaba como un producto regulado por ordenanzas municipales para garantizar su calidad y evitar fraudes en su elaboración.
No todo turrón puede llamarse Jijona o Alicante
Aunque parezca obvio, muchos consumidores no lo saben: solo los turrones elaborados en zonas concretas y siguiendo el pliego de condiciones oficial pueden llevar estas denominaciones. Es decir, hay turrones “estilo Jijona” o “tipo Alicante” que no son, legalmente, turrón de Jijona o de Alicante.