INICIO • HECHO EN ESPAÑA • DEL BUEN COMER • TURISMO • NOTICIAS • NOVEDADES • AGENDA
INICIO • HECHO EN ESPAÑA • DEL BUEN COMER • TURISMO • NOTICIAS • NOVEDADES • AGENDA
TURISMO GASTRONÓMICO
8 de Mayo de 2026
Hay dulces que nacen para quedarse en la memoria y otros que aparecen solo en momentos concretos del calendario, como si la ciudad los guardara para una ocasión especial. En Valencia, cuando se acerca el segundo domingo de mayo y la ciudad se prepara para honrar a la Virgen de los Desamparados, los hornos comienzan a llenar sus escaparates con unas pequeñas tortas redondas, esponjosas y cubiertas de azúcar glas que llevan un nombre profundamente valenciano: les Geperudetes.
Más que un dulce de temporada, las Geperudetes son una forma comestible de contar una historia. Una receta sencilla en apariencia, hecha con calabaza, almendra y aroma de canela, que conecta la tradición repostera valenciana con una de las devociones más arraigadas de la ciudad: la de la Mare de Déu dels Desemparats, conocida popularmente como la Geperudeta.
Las Geperudetes son unas tortas artesanas de textura tierna, similar a la de un bizcocho húmedo, elaboradas principalmente con calabaza asada y almendra molida. Suelen presentarse en formato redondo, cubiertas con azúcar glas y decoradas en el centro con la silueta de la Virgen de los Desamparados, una imagen que se consigue mediante una plantilla, en un gesto que recuerda a otros dulces tradicionales españoles donde la decoración también forma parte del símbolo.
Su sabor es suave, delicado y muy valenciano. La calabaza aporta humedad, dulzor natural y ese color cálido tan reconocible en muchas recetas de la repostería popular de la Comunitat Valenciana. La almendra, por su parte, suma aroma, textura y una cierta elegancia rústica que hace que este dulce se sitúe a medio camino entre la coca tradicional, el bizcocho casero y la pastelería de celebración.
Para entender el nombre de este dulce hay que mirar primero a la protagonista de la historia: la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia. El pueblo valenciano la llama cariñosamente la Geperudeta, una palabra que podría traducirse como “la jorobadita”. El apodo está relacionado con la particular inclinación hacia delante que presenta la imagen de la Virgen, una postura que con el tiempo se convirtió en uno de sus rasgos más reconocibles y queridos.
Esa inclinación ha sido interpretada de muchas maneras. Para algunos, responde al origen de la imagen como talla yacente, pensada para colocarse sobre los féretros de quienes morían sin familia o sin amparo. Para otros, esa cabeza levemente inclinada parece un gesto de cercanía, como si la Virgen bajara la mirada para proteger y acompañar al pueblo valenciano.
El proceso comienza con la calabaza, que se asa hasta quedar tierna y concentrada. Una vez fría, se tritura o se aplasta hasta obtener una crema espesa. Esa base se mezcla con azúcar, yemas de huevo, aceite, ralladura de limón y canela.
Después se incorpora la almendra molida y la harina, junto con el impulsor o las gaseosas de repostería. En algunas versiones, las claras se montan aparte y se añaden al final con movimientos envolventes para conseguir una masa más ligera y aireada.
La mezcla se reparte en moldes bajos o cápsulas redondas y se hornea hasta que las tortas quedan doradas, tiernas y ligeramente húmedas en el interior. Una vez frías, llega uno de los momentos más característicos: la decoración con azúcar glas. Sobre la superficie se coloca una plantilla con la silueta de la Virgen de los Desamparados y se espolvorea el azúcar, dejando marcada la imagen central.
Las Geperudetes están especialmente vinculadas a la festividad de la Virgen de los Desamparados, que se celebra cada año el segundo domingo de mayo. En Valencia, esta fecha tiene un enorme peso emocional y cultural. La ciudad vive durante esos días una de sus celebraciones más sentidas, con actos religiosos, música, danzas, flores, procesiones y una presencia constante de la Mare de Déu en la vida cotidiana.
En 2026, la festividad tiene lugar el domingo 10 de mayo, aunque los actos comienzan días antes en torno a la plaza de la Virgen, la Basílica y el centro histórico de Valencia. Es en ese contexto cuando las Geperudetes regresan a muchos hornos y pastelerías, como un dulce de temporada que acompaña la celebración.
Su aparición en los mostradores no responde solo a una cuestión gastronómica. También tiene algo de ritual urbano. Igual que hay productos que anuncian la llegada de una fiesta, las Geperudetes funcionan como una señal: mayo ha llegado, Valencia mira de nuevo a su patrona y los hornos recuperan una receta que convierte la devoción en bocado.
Durante los días previos a la festividad de la Virgen de los Desamparados, las Geperudetes vuelven a aparecer en los escaparates de numerosos hornos y pastelerías de Valencia. Buena parte de esta recuperación se debe al trabajo del Gremio de Panaderos y Pasteleros de Valencia, que desde hace varias ediciones impulsa esta iniciativa para reforzar el vínculo entre la repostería artesana, las fiestas locales y los dulces tradicionales valencianos. Su labor no solo ayuda a mantener viva una receta de temporada, sino también a poner en valor el oficio de los obradores de barrio, esos espacios donde la memoria gastronómica de la ciudad sigue amasándose cada día.
Entre los establecimientos donde pueden encontrarse o se han destacado por elaborar Geperudetes figuran hornos emblemáticos como Forn San Pablo, junto al Mercado Central; Horno Pastelería del Pilar, un obrador familiar con historia desde comienzos del siglo XX; La Tahona del Abuelo, en el Cabanyal, considerada uno de los comercios más antiguos del barrio; Horno Pastelería San Antonio, situado en el Mercado Central de Valencia; Forn Llàtzer, en Campanar; y Forn Velarte, en Castellar-Oliveral. Cada uno aporta su propia mirada artesanal a este dulce de calabaza y almendra, manteniendo la esencia de una elaboración sencilla, simbólica y profundamente valenciana.
Para quienes visitan la ciudad en mayo, buscar una Geperudeta en un horno tradicional puede ser una forma distinta de acercarse a la fiesta. No desde la distancia del turista que observa, sino desde el sabor, el paseo y la vida cotidiana de los barrios. Porque la gastronomía también permite entender una ciudad: sus ritmos, sus símbolos y aquello que sus vecinos celebran año tras año.
Resulta curioso que sea un dulce relativamente estacional. No suele encontrarse durante todo el año, sino especialmente en las semanas cercanas a la festividad de mayo. Eso lo convierte en una pequeña joya gastronómica de calendario, de esas que conviene probar cuando aparecen porque después desaparecen hasta la siguiente celebración.
La silueta de la Virgen sobre el azúcar glas convierte cada pieza en una especie de postal dulce. No es una decoración pensada solo para embellecer: es el elemento que le da sentido y la diferencia de otras tortas de calabaza y almendra.
Aunque beben de ingredientes tradicionales y de una devoción centenaria, su impulso como producto reconocible en hornos y pastelerías valencianas responde a una voluntad reciente de reforzar la identidad repostera local y dar visibilidad a un dulce propio de estas fechas.