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DEL BUEN COMER
25 de Junio de 2025
En la ciudad donde el hierro forjó historia y los hornos encendían el pulso obrero de todo un pueblo, una nueva llama ha comenzado a arder. Se trata de Alto Horno, una panadería argentina que ha abierto sus puertas en el Puerto de Sagunto no solo para vender dulces y panes, sino para acortar distancias y servir pedacitos de hogar a quienes cruzaron el océano con la nostalgia a cuestas.
El nombre Alto Horno no es casualidad. Conecta dos mundos: el legado industrial de Sagunto, con sus míticos Altos Hornos del Mediterráneo, y ese tono pícaro, cálido y profundamente identificativo del habla argentina. Aquí, ese juego lingüístico se transforma en símbolo cultural.
La panadería está gestionada por una familia argentina que aterrizó en España hace casi dos años. Con una sólida experiencia en el rubro, decidieron dar un nuevo paso profesional adquiriendo, mediante traspaso una de las sucursales de Panadería La Merced, conocida por su fidelidad a la bollería y panadería tradicional española. Pero no fue un cambio radical: el obrador la Merced sigue proporcionando a diario el pan y la bollería española que tanto aprecian los vecinos. Lo que ha cambiado es el aroma: ahora se mezcla el pan quemao con dulce de leche, las cocas con medialunas.
Desde que tomaron el timón del obrador, los nuevos dueños de Alto Horno pusieron manos a la masa con una idea clara: ofrecer productos argentinos auténticos, de calidad y a precio accesible. Así nacieron las primeras tandas de facturas, esas piezas de bollería tierna, brillantes, generosas de crema pastelera, membrillo o dulce de leche.
También preparan a diario alfajores de maicena, pepas de membrillo, cremonas y las cada vez más solicitadas prepizzas, de cebolla o tomate, que han causado auténtico furor entre los vecinos. "Les encanta llevarse la masa a medio hacer para añadirle lo que quieran en casa, pero sobre todo, lo que descubren es el sabor de algo recién hecho, sin congelar, y eso cambia todo", cuenta Ermelinda, una de las responsables del negocio.
Para alcanzar la mayor fidelidad posible al sabor argentino, esta familia emprendió una verdadera tarea de investigación. Ajustaron fórmulas, buscaron harinas específicas, y fueron especialmente exigentes con el ingrediente estrella: el dulce de leche. Finalmente dieron con un dulce de leche repostero importado desde Francia, cuyo sabor logró transportar directamente a Buenos Aires con cada bocado, aunque ello supusiera elevar costes. "No nos importó: queríamos calidad y lo conseguimos", afirman.
Y es que Alto Horno no solo hornea alimentos, sino emociones. Quien entra un sábado por la mañana, cuando las facturas acaban de salir del horno, lo nota en el ambiente: hay charlas en acento porteño, bromas con “boludo” de por medio, que aquí suenan a cariño, y miradas emocionadas entre quienes han encontrado, aunque sea por un rato, una esquina de su país en una calle valenciana. “Gracias por ahorrarme un pasaje a Argentina” han sido algunas de las devoluciones de argentinos que han visitado el local, cuentan con orgullo y emoción.
Lejos de generar extrañeza, el desembarco argentino ha despertado la curiosidad y el apetito de los vecinos habituales. Muchos españoles, clientes de toda la vida, siguen acudiendo por su pan de siempre, su coca o su bollito de aceite, pero también se animan a probar esos "mini croissant", como llaman a las medialunas, o a descubrir qué tiene de especial ese dulce llamado alfajor del que tanto hablan al otro lado del Atlántico.
Mientras tanto el boca a boca de los argentinos no se hizo esperar. Cada fin de semana son más quienes se acercan de varias ciudades, algunas incluso de hasta más de una hora de distancia de viaje, para probar y disfrutar los sabores de su añorada patria.
Alto Horno no desplazó la tradición: la amplió. Y lo hizo con respeto, calidad y mucho corazón.
“Estamos cerca para llevarte lejos”, dice su eslogan, y lo cumplen a diario. Porque cuando un bocado logra activar la memoria, cruzar océanos y provocar sonrisas de pura emoción, la gastronomía cumple su función más noble: unir.
En este rincón del Puerto de Sagunto, donde los hornos ahora huelen a historia compartida, la panadería se transforma en un espacio de encuentro, de mezcla y de pertenencia. Y ese es el mejor ingrediente de todos.
Dirección: Calle Virgen del Carmen 46, Puerto de Sagunto.
Espacio con mesas para disfrutar de un café con leche acompañado de una factura, una tortita negra o lo que más te tiente del mostrador.
Facturas argentinas disponibles de viernes a lunes, y en breve se estarán ofreciendo todos los dias.
También se pueden conseguir pepas de membrillo, cremonas, libritos, alfajores de maicena, cocas saladas, croissant y muchas delicias más, recién hechas.