INICIO • HECHO EN ESPAÑA • DEL BUEN COMER • TURISMO • NOTICIAS • NOVEDADES • AGENDA
INICIO • HECHO EN ESPAÑA • DEL BUEN COMER • TURISMO • NOTICIAS • NOVEDADES • AGENDA
DEL BUEN COMER
10 de Noviembre de 2025
En pleno corazón del Born, mas exactamente en Carrer dels Canvis Vells 2, Sucre Cremat rinde homenaje a la tradición catalana con un solo protagonista: la crema catalana, quemada al momento, hecha con mimo y servida como una experiencia que despierta todos los sentidos. Entrevistamos a sus creadores quienes han compartido con nosotros la visión que tienen para este proyecto.
El aroma del azúcar quemado se mezcla con el aire del Born y parece detener el tiempo. A pocos metros de Santa Maria del Mar, un pequeño local ha convertido un gesto ancestral, el de caramelizar una crema catalana al momento, en toda una experiencia sensorial. Se llama Sucre Cremat, y sus fundadores lo definen como “un homenaje a la tradición catalana, servido con cariño, fuego y autenticidad”.
Nos cuentan que la idea nació el 23 de julio de 2025, con una meta muy clara: dar a la crema catalana el lugar que merece dentro de la gastronomía española. “Queríamos crear un espacio donde la gente pudiera disfrutar de una crema auténtica, quemada al momento, elaborada con ingredientes de proximidad y servida con pasión”, explican. Para ellos, el propósito va más allá de vender un postre: buscan que nadie se marche de Barcelona sin haber probado una crema catalana de verdad, “hecha como manda la tradición”.
El equipo de Sucre Cremat nos habla con convicción sobre su filosofía: volver al origen, a la sencillez, a lo que realmente perdura. “En un momento en que abundan los dulces virales y las modas pasajeras, quisimos apostar por lo contrario: por la belleza de la simplicidad”, dicen. Su espacio es pequeño, acogedor y cuidado al detalle. Cada crema se carameliza frente al cliente y el aroma del azúcar quemado llena el aire. “Queríamos que se viviera la emoción de la tradición catalana, pero con una estética moderna y un trato cercano.”
La receta que reivindican se mantiene fiel al espíritu original. “La esencia está en mantener la receta de siempre, sin atajos”, aseguran. Elaboran su crema con leche Llet Nostra, huevos de Ous de l’Estany (Girona), azúcar de Sucre Bo, piel de limón y canela. Nada más. Cocinan lentamente, sin aditivos, hasta lograr esa textura cremosa tan característica. “Y lo más importante, añaden, es el gesto final: el azúcar quemado al momento, justo antes de servir. Ese instante, el olor, el sonido del caramelo al romper, el contraste entre lo crujiente y lo suave, es lo que convierte la crema catalana en una experiencia sensorial completa.”
Aunque su alma es tradicional, Sucre Cremat también sabe mirar hacia el futuro sin perder el rumbo. “Creemos que innovar no es cambiar la tradición, sino ampliarla”, nos explican. Por eso, entre sus propuestas encontramos variantes tan sencillas como naturales: frambuesa liofilizada, pistacho troceado, carquinyolis, naranja con chocolate o incluso una versión con galleta Lotus para los más golosos. A lo largo del año, incorporan toppings de temporada, como higos frescos, panellets o avellanas cubiertas de chocolate y oro en Navidad y acompañan cada postre con un café de especialidad de Café de Finca. “No hay mejor pareja que una crema catalana recién quemada y un buen café”, confiesan.
El emplazamiento tampoco es casual. El Born, con su mezcla de historia, arte y vida local, les pareció el escenario perfecto. “El Born tiene alma, historia y carácter. Nos conecta con la esencia de Barcelona”, nos cuentan. “Queríamos que disfrutar una crema catalana aquí se sintiera como un viaje al corazón de la tradición catalana.” Y lo cierto es que lo han conseguido: entre calles empedradas y fachadas históricas, el chisporroteo del soplete y el perfume del azúcar fundido parecen formar parte del paisaje.
Cuando les preguntamos por la respuesta del público, sonríen. “La acogida ha sido muy emocionante. Los barceloneses sienten orgullo al ver un espacio dedicado exclusivamente a un postre tan suyo, y muchos visitantes se sorprenden al descubrir un lugar donde pueden probar una crema catalana auténtica, recién quemada y artesanal.” Nos cuentan que disfrutan observando cómo la gente se detiene ante el escaparate, graba vídeos del momento en que se quema el azúcar, rompe la capa de caramelo y sonríe. “Apostar por lo sencillo, hecho con amor y verdad, siempre tiene sentido.”
En cuanto al futuro, el equipo prefiere avanzar despacio, sin perder su esencia. “Queremos seguir creciendo de forma coherente, sin dejar de ser artesanos”, nos adelantan. Les ilusiona la idea de abrir nuevos locales en Barcelona y participar en eventos gastronómicos, además de colaborar con proyectos afines. “Todo lo que venga será fiel a nuestra filosofía: producto local, tradición catalana y mucho cariño.”
En Sucre Cremat no solo se sirve un postre: se sirve un pedazo de historia catalana. Una tradición que sigue viva, humeante, y que se mantiene fiel a sí misma gracias a quienes han sabido mirarla con respeto y emoción.
La crema catalana es uno de los postres más antiguos y queridos de la gastronomía española. Su origen se remonta a la Edad Media, cuando ya aparecía mencionada en manuscritos culinarios del siglo XIV, como el Llibre de Sent Soví, una de las obras de cocina más antiguas de Europa.
Tradicionalmente se elaboraba en los conventos y hogares catalanes para celebrar el Día de San José, el 19 de marzo, razón por la que también se la conoce como crema de Sant Josep. Era un postre de fiesta, preparado con ingredientes sencillos y abundantes en las despensas rurales: leche, huevos, azúcar, limón y canela.
Su toque distintivo llegó con el tiempo: la caramelización del azúcar con hierro candente, que creaba esa fina capa crujiente sobre la crema. Este gesto —que hoy se realiza con soplete— era en sus orígenes un ritual doméstico que llenaba la cocina del aroma inconfundible del azúcar tostado.
Aunque a menudo se la compara con la crème brûlée francesa, la crema catalana la precede en varios siglos. Es, en esencia, una muestra del alma de la cocina catalana: humilde en ingredientes, pero rica en historia, paciencia y sabor.
DEL BUEN COMER