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12 de Octubre de 2026
Ozempic suele aparecer asociado a la pérdida de peso y a los famosos que han contribuido a popularizar estos tratamientos. Sin embargo, cuando un medicamento reduce el apetito, el cambio también llega al plato: pueden variar las cantidades, las elecciones y la forma de organizar las comidas. Y surge una cuestión que merece atención: cómo alimentarse bien cuando apetece comer mucho menos.
Para entender qué significa esto para las personas y para las empresas que elaboran sus alimentos, Gastronomía Abierta ha mantenido una entrevista exclusiva con Maha Tahiri, experta en nutrición, fundadora de Nutrition Sustainability Strategies y antigua responsable de Salud y Bienestar de General Mills.
Su lectura sitúa el fenómeno en un contexto más amplio que el de las celebridades: «No creo que esta sea una historia de famosos. Creo que es una historia de la industria farmacéutica que empezó con los famosos».
Qué es Ozempic y por qué influye en la relación con la comida
Ozempic es un medicamento con semaglutida, autorizado en la Unión Europea para tratar a adultos con diabetes tipo 2 que no está suficientemente controlada. Se administra mediante una inyección semanal y requiere receta médica.
La semaglutida imita la acción de una hormona llamada GLP-1, relacionada con el control del azúcar en sangre y la regulación del apetito. Puede aumentar la sensación de saciedad y reducir el hambre. La misma sustancia se utiliza en Wegovy, un medicamento autorizado para el control del peso en determinadas personas con obesidad o sobrepeso asociado a problemas de salud.
Aunque el nombre de Ozempic se haya convertido en una referencia popular, cada medicamento tiene sus propias indicaciones. En la entrevista, Tahiri aborda el impacto alimentario de este conjunto de tratamientos, cuya expansión plantea cambios que van más allá de la báscula.
Comer menos obliga a mirar mejor lo que hay en el plato
La principal preocupación nutricional que señala Tahiri es fácil de entender: al reducir la cantidad de comida, también puede disminuir la cantidad de nutrientes que recibe el organismo.
«Están comiendo mucho menos de todo: proteínas, fibra y micronutrientes», explica. Estos últimos son las vitaminas y los minerales que el cuerpo necesita en pequeñas cantidades.
Con porciones más pequeñas, la alimentación diaria debe seguir aportando los nutrientes necesarios. Si lo único que cambia es la cantidad, pueden aparecer carencias. La reducción del apetito hace especialmente importante prestar atención a la calidad de lo que se come y al seguimiento profesional.
Tahiri identifica una gran falta de información y acompañamiento. En su opinión, quienes utilizan estos tratamientos necesitan un programa nutricional que les ayude durante el proceso y también después, si dejan la medicación.
El nuevo consumidor: menos cantidad, más atención a lo que necesita
Tahiri habla de un «consumidor-paciente»: una persona cuyas decisiones de compra están estrechamente relacionadas con un tratamiento y con la forma en que se encuentra.
«Es alguien que está cambiando por completo su relación con la comida», señala.
Para las empresas, su análisis plantea revisar cuestiones muy concretas: el tamaño de las porciones, los nutrientes que aportan, la textura de los alimentos y los formatos en los que se ofrecen. Un producto puede resultar interesante por su composición, pero también necesita encajar en el apetito, la tolerancia y la vida cotidiana de quien lo consume.
Además, esas necesidades pueden cambiar. El inicio del tratamiento, el ajuste de la dosis, el mantenimiento y la etapa posterior son momentos distintos. Tahiri considera que la industria debe comprender ese recorrido para ofrecer respuestas adecuadas a cada fase.
Para la persona que compra, esto supone dar más importancia a lo que aporta cada elección y contar con orientación para cubrir sus necesidades. Una alimentación cotidiana bien adaptada también forma parte de esa respuesta.
Cómo está reaccionando la industria alimentaria
«Esto no es una tendencia. Es lo que yo llamo un tsunami», afirma Tahiri. La comparación refleja la profundidad del cambio que anticipa: incluso si el fenómeno evoluciona, dejará un paisaje diferente.
Hasta ahora, describe una reacción principalmente defensiva: tomar productos que ya existen, añadirles proteínas o fibra y comprobar cómo responde el mercado. A su juicio, las empresas necesitan avanzar hacia una estrategia que comprenda mejor a la persona que utilizará esos alimentos.
Ya hay movimientos visibles. En Brasil, Nestlé ha anunciado que refuerza su oferta nutricional ante el crecimiento de los tratamientos GLP-1 y ha comenzado a identificar su línea Nutren Control como apoyo nutricional durante ese proceso. La compañía vincula esta estrategia a la demanda de proteínas, fibra, vitaminas y minerales en un contexto de menor ingesta.
Para Tahiri, la oportunidad está en construir una relación de confianza y acompañamiento. Una marca tendrá que entender qué necesita su consumidor, cómo cambian esas necesidades y qué información puede ofrecerle, mientras la atención sanitaria sigue correspondiendo a los profesionales.
El cambio también exige trabajar juntos
La experta describe una colaboración en la que participan empresas globales, compañías de tamaño medio, fabricantes de ingredientes y organizaciones sectoriales. El objetivo es estudiar cómo deberían reformularse distintas categorías de alimentos para responder a estas necesidades.
Para ello, explica que combinan datos científicos con información de compra. Así pueden relacionar lo que las personas necesitan desde el punto de vista nutricional con lo que realmente eligen en el mercado.
Ese trabajo lleva el debate al conjunto de la oferta alimentaria. Para Tahiri, la adaptación implica revisar los productos que ya llenan los lineales y la manera en que pueden contribuir a una alimentación adecuada cuando se come menos.
Ozempic ha abierto una conversación que suele empezar en el peso, pero que alcanza a la compra, al plato y a las decisiones de las empresas. El desafío que plantea la entrevista es conseguir que la reducción del apetito vaya acompañada de una alimentación suficiente y que la industria aprenda a responder a esa nueva relación con la comida.
Datos de Interés
La masa muscular también merece atención. El consenso clínico publicado en 2025 por cuatro organizaciones de nutrición y tratamiento de la obesidad incluye entre sus prioridades una ingesta adecuada de proteínas y el ejercicio de fuerza para preservar la masa muscular durante estos tratamientos. El seguimiento del peso forma parte de una valoración más amplia de la salud.
La respuesta nutricional debe ser individual. Ese mismo documento destaca la evaluación de la alimentación al iniciar el tratamiento y una dieta personalizada, rica en nutrientes y basada en alimentos mínimamente procesados. Las necesidades deben valorarse en cada persona, incluyendo la tolerancia digestiva y el riesgo de carencias.
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