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NOTICIAS Y TENDENCIAS
11 de Diciembre de 2025
Hay gestos que definen una cultura. En España, uno de ellos es acercarse a la barra, pedir un vermú o una caña y dejar que el aperitivo marque el inicio de la conversación. Ese momento, tan cotidiano y tan nuestro, se convirtió este año en el centro de una iniciativa inédita: el primer Campeonato de España del Aperitivo, un certamen nacido para reconocer la creatividad de bares y cocineros que elevan el picoteo a un pequeño arte.
El concurso surgió impulsado por la designación de Avilés como Capital Española del Aperitivo 2026, una distinción que busca reivindicar esta costumbre como un patrimonio vivo de la gastronomía española. A partir de ahí, la organización se propuso algo ambicioso: invitar a establecimientos de todo el país a presentar su versión del aperitivo perfecto, con libertad absoluta para representar tradición, innovación o ambos mundos a la vez.
La propuesta prendió rápidamente. En pocas semanas, locales de todas las comunidades autónomas se sumaron al desafío: desde bares de barrio que llevan décadas sirviendo tapeo clásico hasta restaurantes que han encontrado en el pequeño bocado un espacio para experimentar.
El campeonato se estructuró en varias fases. La primera fue completamente abierta al público: durante la segunda quincena de noviembre, cada establecimiento participante ofreció su aperitivo de competición y lo dio a conocer a través de la plataforma del certamen. Los clientes podían probarlo, valorarlo y subir una fotografía, convirtiéndose en jurado popular y aportando ese componente social que siempre ha acompañado al mundo del aperitivo.
Esa votación inicial permitió seleccionar a los locales más destacados del país. Las propuestas clasificadas avanzaron entonces hacia la final, que reuniría en Avilés a los representantes de dos grandes categorías: Clásica y Moderna, un reflejo de la convivencia entre el tapeo tradicional y las nuevas interpretaciones que están transformando las barras españolas.
El encuentro definitivo tuvo lugar en Avilés, que durante un día se transformó en punto de reunión para cocineros, hosteleros y aficionados al buen comer. Los finalistas llegaron desde diversas ciudades y pueblos: Asturias, Galicia, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Cataluña, Andalucía, Canarias… Un mapa entero dibujado a través de pequeños bocados.
Las creaciones fueron tan variadas como las regiones que representaban. En la categoría clásica predominaron propuestas que reinterpretan sabores familiares: embutidos artesanos, conservas, salsas caseras y guiños a la barra de toda la vida. En la categoría moderna, en cambio, destacaron juegos de texturas, panes especiales, escabeches revisados y elaboraciones que demostraron que un aperitivo también puede tener técnica y sorpresa.
Todo ello ante un jurado formado por profesionales del sector, críticos gastronómicos y público asistente, quienes valoraron sabor, presentación, carácter identitario y capacidad de transmitir una historia en un solo bocado.
Entre todas las propuestas finalistas del campeonato, tres bocados conquistaron al jurado por su claridad, su técnica y su respeto absoluto a la tradición del aperitivo español.
El ganador desde Valencia fue Cal Carrero, que presentó una versión personal de uno de los iconos de nuestras barras: la patata brava con allioli. Una elaboración aparentemente sencilla, pero que exige precisión en cada paso.
Su aperitivo parte de una combinación de patata agria y patata de cocer, una mezcla que les permite encontrar el equilibrio entre cremosidad interior y un exterior crujiente. Tras cocerlas, elaboran un puré que prensan la noche anterior, un gesto que les da firmeza y facilita cortar cada pieza con la forma exacta antes de freírlas.
El montaje es el que marca la diferencia. Sobre la patata recién salida de la fritura se coloca primero la salsa brava secreta del chef Bernardino Orti, intensa y con carácter, y después un allioli casero que aporta frescor y suavidad. El toque final es una pizca de sal y pimentón de la Vera, que añade un matiz ahumado y redondea el sabor.
El segundo puesto del campeonato viajó hasta Asturias de la mano de Alalunga que presentó una croqueta cremosa de jamón ibérico, a la que sumaron un toque profundamente gourmet: hígado de pato caramelizado que aporta untuosidad y un punto dulce que contrasta con la intensidad del jamón. Sobre esa base añadieron un tartar de ternera asturiana, un guiño a su territorio y a la calidad de sus ganaderías, coronado con una emulsión de aguacate que aporta frescura y suavidad al conjunto.
Su trayectoria reciente también contribuyó a que el público y el jurado prestaran atención a su trabajo. Habían ganado el concurso asturiano con otra creación que mostraba la misma filosofía culinaria: una tapioca crujiente de piquillo y nécora, rellena de ensaladilla y una farsa de gambón y andarica. Una combinación marina, refinada y cargada de matices que anticipaba la ambición culinaria del equipo.
El podio lo completó Onde Keiras de Galicia, que sorprendió al jurado con un aperitivo que juega con la emoción, la textura y el factor sorpresa. Su creación, bautizada como Keirón, no es un simple bombón salado: es un pequeño homenaje al disfrute festivo, pensado para que cada bocado despierte curiosidad antes de desvelar su verdadero carácter.
El Keirón se construye a partir de una combinación delicada de foie y almendra, dos ingredientes que se funden en una textura suave y envolvente. Pero su verdadera identidad aparece un instante después, cuando el paladar descubre el corazón de Pico Fino, la sorpresa final que define el aperitivo y le aporta un estallido de sabor inesperado.
El primer Campeonato del Aperitivo ha sentado las bases para un evento que, todo apunta, crecerá en los próximos años. Más allá del componente competitivo, deja tres evidencias claras:
Que el aperitivo es un lenguaje común entre territorios muy distintos.
Que la hostelería española sigue siendo un motor de creatividad.
Y que el público quiere formar parte activa de las decisiones gastronómicas.
Avilés ya trabaja con la mirada puesta en 2026, año en el que se convertirá oficialmente en capital del aperitivo y en el que este concurso promete regresar con más participantes, más ciudades implicadas y, sobre todo, más historias que contar alrededor de un pequeño gran bocado.
El componente de votación ciudadana fue clave: además de la valoración técnica del jurado en la final, el concurso incentivó la participación popular desde etapas tempranas, permitiendo que los comensales puntuaran y dejaran comentarios sobre los aperitivos.
El campeonato unió dos mundos del aperitivo: la clasificación se estructuró en dos categorías bien diferenciadas —clásica y moderna—, lo que permitió comparar propuestas más tradicionales con otras de corte vanguardista y experimental, reflejando la diversidad actual del tapeo en España.
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