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NOTICIAS Y TENDENCIAS
26 de Enero de 2026
FITUR 2026 cerró ayer sus puertas en IFEMA Madrid confirmando algo que ya se intuía desde el primer día: el turismo del futuro se construye desde la identidad, el producto local y las experiencias auténticas. Durante cinco intensas jornadas, la Feria Internacional de Turismo volvió a convertirse en el gran punto de encuentro del sector, reuniendo a destinos, instituciones, profesionales y viajeros con una misma idea en común: viajar ya no es solo desplazarse, es comprender, saborear y conectar.
Con más de 150 países participantes, miles de expositores y una afluencia que volvió a superar el medio millón de visitantes entre público profesional y general, FITUR reafirmó su papel como termómetro del turismo global y, muy especialmente, como escaparate del potencial turístico de España.
La edición 2026 dejó cifras de gran formato: más de 255.000 visitantes, una fuerte presencia profesional durante los primeros días y un fin de semana claramente abierto al público viajero.
Ese es el dato frío. El dato real es otro: pabellones enteros donde cada destino intentaba que te imaginaras allí, caminando por su casco histórico, entrando a una bodega, probando un producto local, preguntando “¿y esto cómo se hace?”, y llevándote la idea de un viaje que todavía no habías planeado… pero que ya empezaba a tomar forma.
Lo más interesante de FITUR sucede cuando el stand deja de ser stand y se convierte en escena. Este año, varias propuestas españolas lo entendieron muy bien, y no solo a base de folletos: demostraciones en directo, cultura popular, gastronomía y experiencias pensadas para que el visitante no solo mire, sino que “entre” en el destino.
El espacio de Turisme Comunitat Valenciana volvió a apostar por un enfoque experiencial, con una programación centrada en el producto local, el paisaje y la identidad gastronómica de la región.
Arroces de denominación, cítricos, vinos con DOP y recetas tradicionales reinterpretadas fueron parte del relato, acompañadas de propuestas turísticas que conectan costa e interior.
Dentro de este marco, municipios como Teulada Moraira trasladaron su identidad al plato mediante showcookings basados en producto de temporada, cocina marinera y recetario local. Una forma directa y eficaz de explicar el destino a quien busca una escapada donde el comer forme parte central del viaje.
Galicia volvió a destacar en FITUR desde el reconocimiento. Los premios obtenidos pusieron el foco en la calidad de su propuesta turística, en la gestión sostenible del territorio y en una narrativa coherente que une paisaje, producto y cultura.
Rutas del vino, turismo marinero, fiestas gastronómicas ligadas al calendario agrícola y pesquero, y una cocina profundamente identitaria consolidan a Galicia como uno de los destinos clave para el viajero gastronómico que busca autenticidad y producto.
Jerez de la Frontera llegó a FITUR reforzando su posicionamiento como destino cultural y enoturístico. Su patrimonio histórico, el universo del vino de Jerez y una gastronomía que se vive entre bodegas, tabancos y plazas fueron los ejes de su propuesta.
Aquí el mensaje es claro: Jerez no se visita, se recorre a sorbos y a tapas. Y 2026 se perfila como un año especialmente activo para quienes quieran descubrir la ciudad con los sentidos despiertos, entre catas, flamenco, cocina local y cultura viva.
No fue sólo exhibición de producto, sino una constante invitación a probar, aprender y entender el “qué” y el “cómo” de cada lugar. Entre los showcookings y degustaciones del certamen, se pudieron saborear ejemplos concretos del enorme mosaico culinario que conforma el turismo gastronómico mundial y español: arroz a banda preparado por el chef Iván Biedma Romano, que conquistó al público con su equilibrio entre mar y fumet; fideuà tradicional de Gandia, elaborada por Avelino Alfaro del restaurante En Boga, ganador del concurso local; y, en el ámbito internacional, ceviche peruano, humus mediterráneo, dulces de Puerto Rico o pan con chicharrón, que acercaron recetas globales al paladar de quienes paseaban por IFEMA.
Pero también fue feria de productos con origen: quesos artesanos, embutidos locales, vinos con denominación, degustaciones de aceites y panes, y propuestas dulces como repostería tradicional presentadas por destinos como Huesca, que puso en valor su palmera de mantequilla como emblema de su feria Huesca es Dulce.
De este modo, FITUR dejó claro que el turismo gastronómico no es solo “comer rico”; es una experiencia educativa y emocional: conocer las técnicas, ingredientes y tradiciones que hacen únicos a los destinos, y lo convierte en una herramienta estratégica de atracción turística, de diferenciación de marca territorial y de conexión directa entre viajero y cultura local. La presencia activa de showcookings, degustaciones guiadas y productos de alta identidad gastronómica demuestra que entender un lugar a través de su cocina es, cada vez más, el eje de la experiencia de viaje.
Aunque España fue protagonista, FITUR 2026 volvió a confirmar su carácter global. Destinos internacionales aprovecharon la feria para mostrar su identidad cultural y gastronómica como principal atractivo turístico.
Países como México pusieron en valor su cocina tradicional como patrimonio cultural, con referencias a rutas gastronómicas, productos autóctonos y celebraciones populares vinculadas a la mesa. Perú reforzó su imagen como destino culinario de primer nivel, destacando la diversidad de su despensa, la cocina regional y su calendario de festivales gastronómicos.
Desde Asia, Japón apostó por una narrativa centrada en el ritual, la técnica y la tradición culinaria, mostrando cómo la gastronomía forma parte inseparable de su cultura y su forma de viajar. En África y Oriente Medio, varios destinos destacaron la hospitalidad, el mercado local y el uso de especias como elementos diferenciales de su propuesta turística.
FITUR volvió a dejar claro que el turismo gastronómico ya no es una tendencia regional, sino un lenguaje común que atraviesa continentes.
En esta edición destacaron reconocimientos ligados a innovación turística, sostenibilidad, accesibilidad y calidad de la experiencia.
En el ámbito empresarial, propuestas como las de Meliá Hotels International o Vincci Hoteles destacaron por crear entornos que hablaban de hospitalidad, sostenibilidad y emoción sin necesidad de grandes discursos. Materiales naturales, referencias al paisaje mediterráneo y espacios pensados para detenerse y conversar reforzaron la idea de que alojarse también forma parte del viaje cultural y gastronómico.
Entre los destinos internacionales premiados, el reconocimiento fue para aquellos que supieron trasladar identidad y patrimonio al lenguaje expositivo. Países como Guatemala apostaron por integrar artesanía, símbolos ancestrales y naturaleza como parte del recorrido, mientras que propuestas como la de Abu Dhabi combinaron tradición y modernidad en espacios que evocaban oasis, desierto y lujo contemporáneo. En el caso de Egipto, el peso de la historia se transformó en una experiencia visual que conectaba pasado milenario y turismo cultural actual.
A nivel nacional, varias comunidades autónomas fueron reconocidas por su capacidad de innovar sin perder raíz. La Comunidad de Madrid destacó por una propuesta ambiciosa que mezcló turismo urbano, ocio y grandes eventos, mientras que Castilla y León sorprendió con un enfoque ligado al cielo, el tiempo y el territorio, anticipando fenómenos naturales y reforzando su apuesta por el turismo de interior. Galicia, por su parte, volvió a demostrar que coherencia, sostenibilidad y respeto por el entorno también pueden ser premiados.
Los galardones vinculados a sostenibilidad y accesibilidad marcaron otra de las grandes líneas de la edición. Se reconocieron proyectos que pensaron el turismo desde la responsabilidad: stands construidos con materiales reutilizables, estrategias de desmontaje responsable, y propuestas que entienden la accesibilidad no como un añadido, sino como parte esencial de la experiencia turística.
FITUR deja siempre una lista mental de futuros viajes. Y este año España la llenó con argumentos concretos: pueblos que invitan a su fiesta, a su obrador, a su bodega y a su mesa. Regiones que no solo hablan de tradición, sino que la muestran, la explican y la sirven.
Porque al final, lo que realmente funciona no es la promesa grandilocuente, sino esa escena sencilla y poderosa: tú, en un lugar nuevo, con una copa o una tapa en la mano, pensando “esto es exactamente lo que venía a buscar”.
Se dedicaron espacios específicos a rutas gastronómicas y turismo rural, con especial atención a pequeños municipios y comarcas que apuestan por el viaje de proximidad y las experiencias ligadas al producto local.
La feria reforzó su papel como plataforma de lanzamiento de nuevas fiestas y eventos gastronómicos, muchos de ellos presentados por primera vez ante público profesional para captar viajeros de cara a la temporada 2026–2027.
El turismo gastronómico estuvo especialmente presente en las agendas de reuniones B2B, consolidándose como uno de los ejes más demandados por turoperadores y agencias especializadas en viajes culturales y de experiencia.
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